Omarya quedó atrapada en los escombros de la casa, donde habían quedado sepultados su padre y su tía, pero ella logró empujar su cuerpo hacia arriba a través de los escombros, manteniendo su nariz, boca y ojos fuera del agua. Comenzó a gritar sin parar hasta que aparecieron algunas personas. Con muchos esfuerzos, tiraron de la niña hacia arriba, quien se estaba hundiendo rápidamente, pero vieron que sería imposible sin romperle las piernas, los bomberos le pusieron un neumático para que le sirviera de boya, ya que estaba cansada de sostenerse.
Los buzos se sumergieron para analizar la situación de la pobre niña y se dieron cuenta de que sería imposible rescatarla viva. No había instrumentos necesarios para la cirugía, además, de practicarle la cirugía, moriría instantáneamente. Entonces decidieron acompañar a Omarya a la suerte o la muerte.
El nivel del agua estaba subiendo, sus extremidades inferiores estaban aplastadas, entonces recibe la noticia de que solo saldría de esa situación si ocurría un milagro.
La niña se mantuvo fuerte, cantó y se burló de German Barragran, un periodista que se ofreció como voluntario ante la tragedia. Sin embargo, desafortunadamente, a medida que pasaban las horas, y con la exposición de los medios y muchas preguntas, se dio cuenta de su realidad y fue cuando comenzó a llorar, gritando para pedirle perdón y misericordia a Dios y rogándole consuelo a su madre, quien seguía todo en otra ciudad, incapaz de llegar hasta ella.
Después de 60 horas, Omarya se despidió de los miembros restantes de su familia y les pidió a los medios y a la gente que se vayan y la dejen sola para seguir su destino.
Ella dijo que sintió acercarse la muerte.
Para entonces, los ojos de la niña ya se habían puesto rojos por las infecciones. Sus manos se hincharon y blanquearon igual que su cara.